Tuesday, November 6, 2012 0 comments

22 de Octubre de 1978


Tengo una pista. Al parecer, Lidia Suarez está viviendo en Mendoza hace unos veinticuatro años. Debo viajar cuanto antes allí. Es la única que puede solucionar mis dudas. Ahora sólo debo pensar una excusa para decirles a mis padres. De todas formas, mucho no importa lo que puedan llegar a pensar.
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20 de Octubre de 1978


Inicié una búsqueda sobre Lidia Suarez. Parece que como si a la mujer se la hubiese tragado la tierra. Tengo que encontrarla, necesito hablar con ella. Necesito que me diga la verdad sobre Mariano.
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14 de Octubre de 1978


Pasé a buscar a Mariano por su casa, en el horario en el que debería haber estado en la facultad. Así mi padre no me pediría explicaciones sobre mi paradero. Sabía que de algo iba a servirme la facultad, al menos como coartada.
Llevé a Mariano hasta la estación de micros Mariano Moreno. Le dije que viaje al sur, que desaparezca en el fin del mundo. Le prometí que no diría nada, que su secreto estaba a salvo conmigo. Y así va a ser. Ni mi padre ni nadie más deben saber su legado.
Darle ese último beso fue lo más difícil que hice en mi vida. Todavía me cuesta creer lo mucho que logré amarlo, en tan poco tiempo.
Unos minutos antes de que suba al micro y se fuera para no verlo jamás, le pregunté por su madre, le pedí su nombre. No quiso saber el motivo de mi interés. Me observó fijamente, con un aire de súplica o de nostalgia. “Lidia Suarez”, me dijo antes de que se perdiera en el oscuro interior del autobús.
Vi cómo el micro se alejaba de mí, lo vi irse y vi cómo mi futuro también se iba. Pensé en el error que podría estar cometiendo, pero no me importó. Esa fue la última vez que vi a Mariano.
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13 de Octubre de 1978


Mariano me pidió que lo ayudara a huir, me pidió que no le dijera a nadie sobre su existencia. Y voy a ayudarlo. Al menos él tiene la posibilidad de escapar, él puede forjarse otro destino. Hasta el momento, nadie supo que existía. Ni los Arcángeles ni los Peregrinos. No voy a ser yo la responsable de que eso cambie. Voy a sacarlo de acá.
Pero primero debo averiguar qué pasó la noche del ritual, qué sangre usaron los Arcángeles en el Santo Grial. Debo saber el nombre de la madre de Mariano, debo hablar con ella. Ella es la única que puede resolver mis dudas.
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12 de Octubre de 1978


Hablé con Mariano. Creí que era preferible eso a hacerlo con mi padre. No quiero ni pensar en cuál sería su reacción si supiese la verdad sobre Mariano. Y más aún, la verdad sobre qué hicieron los Arcángeles durante el ritual.
Lo más sorprendente es que Mariano sabía todo. Siempre supo su origen. Siempre supo sobre las dos Órdenes. En parte, eso es bueno. Me ahorró el trabajo de tener que relatarle toda la historia y además aceptó bastante bien que fuera parte de una de ellas.
Me dijo que su madre lo dejó en un hogar adoptivo, para protegerlo de la guerra. Lo abandonó con una carta, una carta que le debería ser entregada cuando cumpliera la mayoría de edad. Una carta que le contaba toda la verdad, sumado a un consejo: “Corré”. Me dijo que no dudó en obedecer la sugerencia. Simplemente tomó todas sus cosas y una noche desapareció, sin dejar direcciones ni ningún otro dato. Creyó que para conseguir un futuro, debía abandonar su pasado.
No puedo juzgarlo, no me animo ni quiero hacerlo. Después de todo, ¿quién soy yo para criticarlo? No estoy mucho más segura de querer pertenecer a este infierno. Ninguno de los dos escogimos esta realidad.
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11 de Octubre de 1978


Procuré no ver a Mariano hoy. Le puse una excusa, no de las mejores, pero por lo menos sirvió para convencerlo. No puedo verlo a los ojos, no quiero verlo, al menos no por ahora. No hasta no saber qué debo hacer. No sé si decirle quién soy yo, si decirle quién es él, si hablar con mi padre o… O simplemente dispararle y que todo termine con él. Así la guerra habrá acabo. Así ya no habrá herederos de la sangre de Simón. ¿Por qué trato de engañarme? No podría dispararle a Mariano, jamás.
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10 de Octubre de 1978


Hoy Mariano y yo hicimos el amor por primera vez. Debería sentirme bien, debería ser feliz. Pero no puedo dejar de pensar, por más esfuerzo que ponga, en quién es Mariano en realidad. Vi la marca, la vi con mis ojos. La misma cruz que Laura me mostró el día que me explicó lo del Santo Grial. La misma marca grabada a fuego en su hombro. Mariano es el heredero de Simón, Mariano es la clave. Pero, si Mariano es el descendiente de Simón… ¿qué sangre usaron los Arcángeles durante el ritual?
 
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